La distancia
La distancia
Desde
hace tiempo existe una distancia entre nosotros. A veces la siento
como si recorriésemos rutas paralelas. Como si mirase y, forzando un poco mis ojos, pudiese divisar tu silueta a través de los
árboles. Como si, con sólo estirar el brazo lo suficiente, pudiese
tocarte de nuevo. Como si estuvieses tan cerca, que con sólo un par de pasos pudiera encontrarte. Y si te encontrara amenizaría, aunque fuese por un
breve período, toda la caminata que aún me queda. Por desgracia,
siempre que intento cruzar al otro lado se levanta una cortina de
hojas que se elevan como si bailaran al son de la triste melodía que
emano. Y, mi mayor enemigo, con el que convivo en mi interior, me
termina convenciendo para seguir en la ruta que tiene trazada sin
mirar al otro lado.
Y esa
distancia me consume. Estar cerca y lejos a la vez. Poder hacerte
señas que seguro verías pero no atreverme por temor a que sean
ignoradas o peor, que aumente la distancia que nos separa y no vuelva
a verte nunca más. Y es con ese sentimiento con el que, como puedo,
continuo recorriendo el sendero.
Otras
veces esa distancia la siento como un océano. Pero esa masa de agua
es tan grande y profunda que, aunque intente cruzarla a nado, no
encuentro faros o luces que me guíen a la costa. Y siempre termino
perdido en este oscuro mar de dudas. Y entonces, cuando me encuentro
rodeado de toda esa oscuridad, termina aflorando la mía. Ahí es
cuando de nadar. Me quedo inmovil flotando en la ténebre agua que no
me permite ver ni mis propias manos y me dejo arrastrar por la
corriente en la dirección que quiera enviarme.
Y,
mientras intento convencerme para continuar caminando, me asalta de
nuevo la oscuridad. Le doy vueltas a si alguna vez tú también
piensas en mí o si me has olvidado del todo, en si soy el único de
los dos que ha pasado noches amargas pensando en el otro. El único
que lo pasa mal cuando piensa qué estarás haciendo siendo
consciente de no poder estar ahí o recordando las cosas que te
hacían reir. El único de los dos que sufre un poquito al verte,
pensando en la próxima vez que podrá volver a hacerlo. Con ese
pensamiento continúo vagando como una sombra, luchando con todas mis
fuerzas para no desvanecerme en el aire mientras camino. Pero cada
paso que doy en solitario hace que me duela un poco más el corazón,
como llevar una estaca clavada y ésta profundizase cada vez más y
más, ampliando la brecha hasta atravesarlo. Llevándose a su paso
todo lo que encuentra y dejando una sensación de vacío que se hace
cada vez mayor.
Y aquí
concluye mi descanso, pues debo seguir caminando. Esta es sólo una
parte de lo que siento en realidad, ya que no tendría tiempo ni
palabras suficientes para expresarlo todo. No sé por cuánto tiempo
seguiré ni cuantos metros continuaré caminando solo, sólo sé una
cosa con seguridad: que no soy capaz de olvidarte.
Buenísimo, y además me identifica ahora mismo
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