Sin palabras
Sin palabras
Sin esperarlo me abrazaste. Me
presionaste fuerte contra ti. Yo te acariaba la espalda, quería
reconfortarte. Mientras tu corazón susurraba que ojalá sintieses lo
mismo, el mío te rogaba que no sufrieses por mí.Volvimos a sentir
el calor del otro y el tiempo se detuvo. Me invadieron los recuerdos,
quizá me adentré demasiado en mi interior y, sin quererlo, terminaron despertando mis demonios. El recuerdo se convirtió en nostalgía, la
nostalgía dió paso a la añoranza, la añoranza a la melancolía y
así, siguiendo toda una cadena de emociones, como si un relámpago
atravesase mi cuerpo, apareció el miedo. Como un autómata guiado
por mis temores más profundos te abracé con una firmeza progresiva,
la única forma en la que fui capaz de decirte que no quería dejarte
marchar.
Esa fue nuestra despedida. Recuerdo que
me besaste en la mejilla y pronunciaste algo que no entendí, pero
aquello no era importante. Dudo mucho que hubiésemos podido
expresarnos usando verbos o adjetivos. No era necesario vocalizar, ya
lo habían hecho nuestros cuerpos, y, sin palabras, nos lo dijimos
todo.
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